16 diciembre 2009

Botox Tax

Ha aparecido recientemente en la prensa que en el borrador de reforma sanitaria impulsado por el Presidente Obama se plantea la inclusión de un gravamen fiscal especial sobre los tratamientos médico-quirúrgicos de carácter estético como medio de financiación de este controvertido proyecto.

Podría parecer anecdótico, pero en realidad constituye el ejemplo perfecto de “demagogia fiscal”.

En los EEUU se practican más de 5 millones de inyecciones de Botox al año y las intervenciones quirúrgicas que quedarían gravadas por esta propuesta se cuentan en el millón, se estima que lo consumidores estadounidenses gastan anualmente más de 10.000 millones de dólares en este tipo de procedimientos.

Los defensores de esta propuesta quieren convencernos de que este “impuesto a la vanidad innecesaria” es pertinente para financiar la cobertura de las necesidades sanitarias de los menos favorecidos.

Es posible que el paso siguiente sea imponer nuevos impuestos sobre el rimmel, las cremas hidratantes y los tintes de pelo, luego vendrán las joyas, la ropa de diseñador y los automóviles de lujo, mas tarde las viviendas de más de 300 m2 y los vinos de más de 10 dólares la botella por que….., que demonios, hay que gravar todos los productos y servicios “superfluos” cuyo consumo nos haga sentirnos felices.

En fin, parece que los nuevos gestores de la primera potencia mundial ya no se conforman con dejar menos dinero en manos del ciudadano aumentando los impuestos directos sino que, además pretenden intervenir en las decisiones de gasto mediante una calificación ético-fiscal de los productos y servicios.

Quizás estén olvidando que hoy en día, y será aún mas evidente en el futuro, el tejido empresarial de los países desarrollados se apoya en industrias productoras de bienes y servicios que estos nuevos “ingenieros sociales” no dudarían en calificar de innecesarios.