15 diciembre 2009

Tabaco: Ética, Economía y Realidad

La oficina del U.S. Surgeon General, publicó en el año 2004 un informe sobre los efectos sobre la salud del consumo de tabaco en el que establece como conclusión que existen evidencias suficientes para “inferir una relación causal” entre el hábito de fumar y toda una serie de enfermedades, muchas de ellas mortales, que abarca desde el cáncer en la mayoría de los órganos vitales hasta las fracturas de cadera, pasando por una extensa lista de enfermedades cardio-vasculares y pulmonares.

En ese mismo informe se indica que la esperanza de vida de un fumador es inferior en 14 años a la del resto de la población.

Si esto es cierto, y dado que los que no somos médicos no tenemos argumentos para refutarlo, deberemos preguntarnos si existe algún argumento ético que nos permita entender que la venta de este producto continúe siendo legal en todos los países del mundo.

Y si no existen motivos éticos ¿existirán motivos económicos?. Aparentemente tampoco: es común escuchar de las autoridades sanitarias, en particular en las naciones mas desarrolladas, que el uso del tabaco provoca unos gastos desmesurados a los sistemas públicos de salud, utilizando incluso este argumento para defender el hecho de que el tabaco este fuertemente gravado por impuestos que permiten paliar los gastos anteriormente mencionados.

Ante esta afirmación deberíamos hacer unos números sencillos:

Si un fumador consume una cajetilla de tabaco diaria durante 45 años a un costo actual medio en USA y Europa de unos 4,5 USD de los cuales el 70% son impuestos, esto supone unos ingresos para las arcas estatales de mas de USD 50.000.-

Así mismo, si su esperanza de vida se ve reducida el 14 años, dado que la esperanza de vida general se sitúa en torno a los 78 años y la edad de jubilación en 65, los fumadores, en promedio, después de haber contribuido para su jubilación durante toda su vida laboral, no ocasionarán gasto alguno al estado por pensiones, pues habrían fallecido con anterioridad a su jubilación, es decir que si asumimos una pensión estatal de unos 1.100 USD mensuales, siguiendo en este entorno geográfico, existe otro ahorro para la sufrida hacienda estatal de algo más de USD 184.000.-, esto sin tener en cuenta el gasto sanitario que derivado de enfermedades no relacionadas con el tabaco se produciría en esos últimos 14 años de vida si el ciudadano no hubiera sido fumador.


En conclusión, haciendo caso a la medicina y a las matemáticas, un fumador morirá en torno a los 65 años, dejando el manos del Estado, fruto de su adicción, no menos de USD 230.000.-, los cuales, sin duda, sabremos como han sido gastados en atención médica de enfermedades producidas por el tabaco con anterioridad a su prematura muerte, tras la pertinente explicación de las autoridades sanitarias.

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