08 noviembre 2011

La Eurocracia

No acabo de tener muy claro que la supervivencia del Euro y la pertenencia al sistema de las naciones que actualmente lo componen sea un bien superior que merezca la pena defender a toda costa. Me hace falta algo más de análisis para tomar una posición definitiva que espero tener, soportada por “facts & figures”, en breve,

Lo que si es absolutamente cierto es que, tal y como afirman los defensores de la Moneda Unica, esta supervivencia requiere un Gobierno Financiero central, cuando menos una coordinación fiscal y seguramente una importante transferencia de riqueza entre las naciones mas productivas y las que son menos eficaces en este sentido

No voy a entrar a hora en un debate de tipo “nacionalista” sobre la cesión de soberanía que supondría este modelo, ni si los pueblos de los países que componen la Eurozona apoyarían las decisiones necesarias, primero habrá que definir el modelo.

Lo que verdaderamente me preocupa es como, tras una posible renuncia al principio de unanimidad entre miembro vigente ahora, se podría asegurar el Rigor, la Eficacia y un sistema Democrático en la elección de este Gobierno Financiero único.

Su elección por parte del Parlamento Europeo parecería descartada al convivir en la Institución parlamentarios miembros de países del Euro y de otros que han conservado sus monedas nacionales.


Una elección mediante voto directo de cada uno de los gobiernos, de ser por unanimidad nos llevaría sin duda a un Gobierno “descafeinado” y “blando” pues serían meras figuras decorativas, sin una cesión real de soberanía, tipo Barroso y  Van Rompuy. Si se hiciera de manera mayoritaria, el voto de Eslovaquia tendría el mismo peso que el de Alemania y eso no va a pasar.

Se podría pensar en un voto de cada nación, ponderado por población que creo que podría acercarse al cumplimiento de unos estándares democráticos pero de nuevo tendría reticencias y problemas de cara al rigor: España, Portugal, Italia y Grecia de manera conjunta tendrían mayor peso que Alemania, la “encarnación del rigor”, con una Francia entre el rigor y la laxitud como árbitro del sistema. El mismo problema ocurriría con la creación de un nuevo órgano parlamentario de elección directa  por parte de los ciudadanos de los países miembros, que desde luego sería la solución más democrática, que diera legitimidad as este Gobierno.

Lo que parece que puede imponerse, algo parecido a lo que está sucediendo “de facto” en la actualidad, es una elección mediante un a “junta general de accionistas” en el que el voto de cada miembro de la Eurozona se ponderaría por sus magnitudes económicas. No es que personalmente me parezca una mala solución, pero ¿donde quedaría la legitimidad democrática?

Desde luego quedaría por establecer la relación de las nuevas instituciones con las existentes en la actualidad en la Unión Europa y la coordinación de las políticas que llevara a cabo con los otros gobiernos del área con moneda propia que pudieran verse afectados por las mismas.


Mucho por definir y muchas decisiones por tomar. ¿Imposible? No, no es imposible pero podría ser inútil si, con el ritmo habitual de toma de decisiones en Europa, para cambiar una coma en un Tratado es un proceso que toma 4 ó 5 años.

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