Al calor de la reciente discusión sobre el establecimiento de una tasa o impuesto sobre las transacciones financieras, popularmente conocida como Tasa Tobin, conviene recordar el principio básico de que las empresas NO pagan impuestos.
Cuando se establece un impuesto a cualquier actividad empresarial, el mismo será pagado, en este orden, por sus clientes, sus proveedores, sus trabajadores y en último caso sus accionistas, ya sean "directos" o "indirectos" en tanto que titulares de Fondos de Inversión o Planes de Pensiones que invierten en la empresa.
El único Fin de los gestores de una empresa, y por cuyo logro reciben sus sueldos, es hacer más ricos a sus propietarios, bien es cierto que para conseguirlo utilizan Medios mas "nobles": desde tener satisfechos a clientes y trabajadores, hasta asumir una responsabilidad social o incluso medioambiental.
De esta manera, ante un nuevo impuesto, se trasladará su coste al precio del producto o servicio ofertado por la empresa, tan solo en mercados muy competitivos y con muchos actores, quizás alguno "mirará en otra dirección" con el fin de paliar este nuevo "gasto" y, quizás, con ello podría "arrastrar" a sus competidores





